miércoles, 7 de enero de 2009

La sal que hiere y cura


¿...hemos preferido escudarnos en la erudición teológica para demostrar que también nosotros estamos a la altura de los tiempos? ¿Hemos transmitido realmente a un mundo hambriento la palabra de la fe de un modo comprensible y capaz de llegar al corazón de los hombres, o nos hemos quedado dentro del estrecho círculo de los que se pasan la vida polemizando en interminables discuciones eruditas y pasándose la pelota unos a otros? Quisiera terminar con estas preguntas, que son al mismo tiemp omis mejores deseos para los próximos veinte años.
-J. Ratzinger, Teólogos de centro


La teoría teológica, acaso, no sirva de mucho -al igual que cualquier existencial teórico con el que nos topemos-, si no se hace vida en el propio actuar, en el propio caminar hacia la felicidad de la redención.

2 comentarios:

Milo Hickman dijo...

Sinceramente, la fe católica me entró a mí por la razón. Un día, de pronto, me di cuenta que hacía sentido y que la aceptaba como verdad en lo más profundo de mi ser.

El siguiente paso era muy claro: vívelo. Si lo crees, no te puedes quedar indiferente.

Por eso fui a misa, por eso empecé a comulgar y por eso estoy tan conflictuada acerca de la confesión. Creo en el perdón, creo en el sacramento... ahh, pero cómo me cuesta!

Zoon Romanticón dijo...

Recuerdo nuestras discusiones teóricas al respecto de la religión. Pero sinceramente creo que la Fe te entró cuando descubriste que la teología es, de hecho, práctica, vida. Cuando las normas de prohibiciones se desmoronaron para dejarte ver los códigos de vida, de libertades, de decisiones (con sus respectivas renuncias), entonces te abriste a entender lo que por tu razón quería entrar... ¿o no?