lunes, 1 de junio de 2009

Veritatis Splendor...


Alguien ciego por mil años abre los ojos para ver el mundo. Ha olvidado ya las sombras y las imitaciones y no sabe qué esperar. Se decepciona: no ve absolutamente nada. El mundo que esperaba ver es absolutamente blanco y brillante. No hay nada qué ver, salvo ese halo níveo que le traspasa los ojos.

-Pero, hombre, ¿qué pasa? -escucha una voz que le pregunta.
-¿Cómo que qué pasa? Llevo mil años con los ojos cerrados y cuando los abro para ver no veo nada. Menuda estupidez es querer ver algo. Más me hubiera valido mantenerme ciego otros mil o dos mil años.

Y el hombre cerró los ojos de nuevo. Ciego podía seguir imaginando que era feliz. Al menos su obscuridad la conocía.

Si tan sólo hubiera dejado que el dolor mermara y que los ojos se acostumbraran a la luz, hubiera podido admirar el bosque donde estaba parado y al cordero con quien había dialogado...

sábado, 2 de mayo de 2009

Mientras más sudes aquí, lo menos sangrarás en la Batalla


AI cuerpo se le pide mucho más que el traer y llevar utensilios, o cosas por el estilo. Se le exige un total compromiso en el día a día de la vida. Se le exige que se haga «capaz de resucitar», que se oriente hacia la resurrección, hacia el Reino de Dios, tarea que se resume en la fórmula: «hágase tu voluntad, en la tierra como en el cielo». Donde se IIeva a cabo la voluntad de Dios, allí está el cielo, la tierra se convierte en cielo. Adentrarse en la acción de Dios para cooperar con Él: esto es lo que se inicia con la liturgia, para después desarrollarlo más allá de ella. La Encarnación ha de conducirnos, siempre, a la resurrección, al señorío del amor, que es el Reino de Dios, pero pasando por la cruz (la transformación de nuestra voluntad en comunión de voluntad con Dios). El cuerpo tiene que ser entrenado», por así decirlo, de cara a la resurrección. Recordemos, a este propósito, que el término «ascesis», hoy pasado de moda, se traduce en inglés sencillamente como «training»: entrenamiento.

Hoy día nos entrenamos con empeño, perseverancia y mucho sacrificio para fines variados: ¿por qué, entonces, no entrenarse para Dios y para su Reino? (...) Digámoslo con otros términos: se trata de un ejercicio encaminado a acoger al otro en su alteridad, de un entrenamiento para el amor. Un entrenamiento para acoger al totalmente Otro, a Dios, y dejarse moldear y utilizar por Él. (Ratzinger, J.; El espíritu de la Liturgia. Una introducción., p. 200)

domingo, 8 de marzo de 2009

Cuaresma

It's not a hill it's a mountain
As you start out the climb
Do you believe me or are you doubtin?
We're gonna make it all the way to the light
-U2


Pueden seguir la canción de U2 escuchándola con el reproductor:


Where I came from there were no hills at all
The land was flat, the highways straight and wide
My brother and I would drive for hours
Like years instead of days
Our faces as pale as the dirty snow

Once I knew there was a love divine
Then came a time I thought it knew me not
Who can forgive forgiveness where forgiveness is not
Only the lamb as white as snow

And the water, it was icy
As it washed over me
And the moon shone above me

Now this dry ground it bears no fruit at all
Only poppies laugh under the crescent moon
The road refuses strangers
The land the seeds we sow
Where might we find the lamb as white as snow

As boys we would go hunting in the woods
To sleep the night shooting out the stars
Now the wolves are every passing stranger
Every face we cannot know
If only a heart could be as white as snow
If only a heart could be as white as snow

miércoles, 25 de febrero de 2009

Una nota sobre el matrimonio


El matrimonio es sacramento. Es, por tanto, signo sensible de Dios en el mundo. Entonces, ¿la misa o la ceremonia son signo de Dios en el mundo? No. Al menos no en el sentido que me interesa aquí. El matrimonio no es la celebración, sino la vida en unión conyugal. De este modo, el sacramento no es la boda, sino el resto de la vida que se detona a partir de la celebración sacramental. La vida de los casados es el sacramento. Por eso ellos en su vida son el signo de sensible de Dios en el mundo.

Los casados tienen la obligación esencial de que su vida en pareja manifieste la naturaleza divina según el orden de la unidad y el amor.

El sacramento del matrimonio es, por tanto, un sacramento que se celebra cada día en cada instante.

viernes, 13 de febrero de 2009

Drama Teologal (opúsculo)

En el principio era el Verbo. Y el Verbo era cabe Dios. Y el Verbo era Dios. En el principio no había nada ni caos, sino Dios solo, trino en-sí-mismo. Y entonces creó el Mundo.

Primero, si los tiempos eran cronológicos entonces, creó el mundo espiritual, según imagino. Creó Dios a los ángeles todos. Personales, únicos e insustituibles en sí mismos, racionales, espirituales. Los creó a cada uno como especies autoagotadas y organizables. Les dio luz y sabiduría. Eran entonces Dios y el mundo de los ángeles un todo perfecto y ordenado. No faltaba el sentido y la comprensión de todo era perfecta.

Después creó Dios la tierra. La primera partícula de tierra, de materia. Un acto incomprensible para los ángeles: una primera prueba de Fe. El mundo de pronto se vio afectado por una partícula ilógica, inerte, cerrada, corruptuble. Puedo imaginar a los ángeles confundidos por la creación de un algo tan absurdo tras un mundo tan perfecto. De esta materia Dios creó más mundo. Creó el Universo y sus elementos: estrellas, galaxias, planetas. Dios creó más y más materia y llenó al Universo de partículas cerradas sobre sí mismas, sin sentido ni lógica existencial.

De la materia del universo Dios creó una nueva forma de vida: lo que nosotros llamamos "vida". Nada tenía de nuevo sentido para los ángeles. No sólo Dios había creado seres corpóreos idiotas, sino que además ahora a ciertos cuerpos materiales les otorgaba vida. Vida simple, cerrada en sí misma, ilógica, absurda. Vida que no era inteligente, vida que no tenía sentido a los ojos de los ángeles quienes recordaban el universo perfecto que habían conocido después de la Creación. Bacterias y hongos, peces, reptiles, dinosaurios, mamíferos. Vida doblegada por la contingencia de la materia, vida bruta.

Entonces Dios tomó su materia, su arcilla, y moldeó al hombre. Un ser material con espíritu. Una vida material con inteligencia. Los ángeles se han de haber sorprendido. El universo dejó de ser perfecto para ser pleno. Dios había creado un puente entre la vida y lo inerte, entre lo bruto y lo sabio. Había otorgado el más alto rango a una criatura salida de la tierra. Seguro los ángeles se impresionaron. No me cuesta trabajo imaginar rebeliones y batallas entre ángeles que no comprendieron la profundidad de la creación de Dios. El universo dejó de ser universo para convertirse en Cosmos. La materia cobró sentido cuando el hombre apareció desde ella. El mundo tuvo por fin un ser que le dio sentido de plenitud existencial desde su propia naturaleza.

Dios vio entonces que estaba bien cuanto había hecho y descansó.

Pero los ángeles rebeldes introdujeron el pecado en el hombre. El hombre se tropezó con la trampa de los rebeldes y abrió una herida en su propio ser puente entre lo mortal y lo inmortal. Se atravezó la esencia con el pecado y se arrojó a un acantilado en el que se perdió.

El mundo se mostró entonces rajado. El hombre, tránsido de nada, descubrió la finitud de su ser y del mundo como algo insuperable. El hombre se hizo nada a sí mismo, abriéndo un abismo en su propia naturaleza. Nada le quedó al mundo y el cosmos se enfrentó con el caos. El mundo quedó tránsido de nada. La fuerza del puente que construyó Dios se desvaneció y el hombre quedó sin fuerzas para poderse mantener unido y uniendo al universo en el cual y fue creado.

Dios entonces decidió bajar. Se hizo hombre, se hizo pecado, para reconstruir el cosmos perdido. Se hizo hombre por una mujer y por desde una mujer se unió a la humanidad entera. En ella se hizo hombre. El hombre, tránsido de nada, sumergido en el abismo, no tuvo fuerzas para salvarse a sí mismo. Dios bajó al abismo para salvar al hombre que se encontraba en él. Bajó para tenderle la mano a la humanidad y reestablecer el puente que le daba sentido al cosmos.

Después Dios hizo muchas otras cosas, como hacerse materia inerte para quedarse entre nosotros. Hoy el hombre que estudia el universo herido lo encuentra finito, tránsido de nada. Y tiene razón. La nada asecha desde el interior del mundo lastimado. Pero en esa nada hay un brazo que se extiende poderoso para salvar al hombre que se abrace a él. El hombre herido por su propia mano y sin fuerzas tiene la ayuda que le hace falta para elevarse nuevamente al puesto que originariamente le correspondía: el de hombre, el de conciencia en el mundo... el de puente que da unidad a un cosmos que alaba a Dios.

domingo, 1 de febrero de 2009

Yo os quisiera libres de preocupaciones

Yo os quisiera libres de preocupaciones. El no casado se preocupa de las cosas del Señor, de cómo agradar al Señor. El casado se preocupa de las cosas del mundo, de cómo agradar a su mujer; está por tanto dividido. La mujer no casada, lo mismo que la doncella, se preocupa de las cosas del Señor, de ser santa en el cuerpo y en el esp1ritu. Mas la casada se preocupa de las cosas del mundo, de cómo agradar a su marido.

Os digo esto para vuestro provecho, no para tenderos un lazo, sino para moveros a lo más digno y al trato asiduo con el Señor, sin división. (1 Cor, 7, 32-35


Este pasaje puede leerse como una invitación al santo celibato. Sin embargo, quisiera proponer una interpretación diferente. No me enfoco en la búsqueda de Pablo de convencer a sus hermanos en la fe de acercarse a un sacerdocio célibe, que permita consagrar la vida entera a Dios. No. Quiero enfocarme en la preocupación de Pablo sobre las preocupaciones humanas. Y de ahí, hablar de la continencia.

Pablo quiere que los hombres estemos libres de preocupaciones, que no sintamos divisiones. Por eso nos invita a la continencia. Pues ésta, como virtud, nos permite enfocarnos y actuar en lo que nos corresponde propiamente según nuestra naturaleza y condición. El soltero se puede ocupar de Dios, porque no está temiendo las consecuencias de su sexualidad; no así el soltero que no es continente, como tantas experiencias nos lo muestran... y la idea de Dios para nuestra sexualidad es que sea manifestación suya, es decir de su Paz, de su Amor, de su tranquilidad eterna en nuestras vidas y no de la división, del temor, de la preocupación que le corresponden al príncipe de este mundo.

Cuando la sexualidad puede manifestarse en paz y tranquilidad, entonces está mostrando el resplandor del Rostro desde ella; cuando agita los espíritus, cuando deja intranquila al alma, entonces enturbia su propia naturaleza y se llena de preocupación.

La continencia paulina, por tanto, es una directriz de la moral cristiana. Estar libres de preocupaciones no es olvidarnos de nosotros mismos, sino de permitirnos desarrollarnos plenamente según quienes somos y cómo estamos cada vez en cada caso propio.

viernes, 23 de enero de 2009

Contradicciones...


Aunque deseo hacer lo bueno, no soy capaz de hacerlo. De hecho, no hago el bien que quiero, sino el mal que no quiero. Y si hago lo que no quiero, ya no soy yo quien lo hace sino el pecado que habita en mí. (Rom. 7, 18-20)